Asociar la luz del sol con la felicidad y la oscuridad con depresión y confusión es más que una metáfora. La mayoría de la gente tiende a sentirse más feliz en un día soleado y triste en uno nublado; mejor en verano que en invierno, incluso si no tienen diagónsitco de desorden afectivo estacionario (DAE).
A pesar de tener conciencia de que la luz mejora el ánimo, la mayoría vive una existencia despojada de luz. Tan pronto las personas salen de sus hogares a la mañana se zambullen en un auto, micro o metro. Al llegar al trabajo se meten en su oficina. Al salir de allí hacen algunas diligencias y se apuran a regresar a sus casas. Pasan la mayor parte del tiempo entre 4 paredes: leen, estudian, trabajan, miran televisión, escuchan música o navegan en internet.
Milenios atrás, los primeros hombres pasaban afuera la mayor parte del tiempo, pues su supervivencia dependía de capturar animales y juntar plantas silvestres, nueces, tubérculos y semillas.
No tan atrás en el tiempo, la mayoría de la gente en las comundiades rurales pasaba la mayor parte del tiempo al aire libre: caminaba, montaba a caballo o iba en carretas tiradas por bueyes para trasladarse de un lugar a otro. Los niños iban a pie a la escuela y toda la familia caminaba hasta la Iglesia. No era poco común que las mujeres tuvieran que caminar kilómetros para visitar a sus parientes o amigos. Ellas lavaban la ropa en lagos y colgaban al aire libre para secarla y pasaban horas tendiendo sus granjas y ganado.
Como la gente pasaba tanto tiempo al aire libre, sus cuerpos estaban sincronizados con la salida del sol y el ocaso. Minutos despues de salir el sol, su luz mandaba una señal a sus glándulas para interrumpir la producción de melatonina, hormona responsable de calmar el cuerpo para inducirlo al sueño. Al mismo tiempo, la luz estimulaba la producción de serotonina y una cantidad de otras hormonas y químicos energizantes e incrementadores del estado de ánimo. El resultado era que sus corazones latían más rapidamente, mejoraban su trabajo metabólico y sus cerebros se volvían más alertas. Gracias a la luz, no solo estaban despiertos sino que sus mentes y cuerpos estaban listos para comenzar una nueva jornada.
En un estudio británico los estados de ánimo femeninos se vieron más influenciados por la cantidad de luz en su ambiente que por sus hormonas. Una investigadora del departamento de Psicología del University College de Londres diseñó un estudio de un mes de duración para explorar la conexión entre los niveles de luz exterior y los estados de ánimo de 39 mujeres. En este lapso ellas llevaron un diario, mientras que los investigadores anotaron cuidadosamente la cantidad de luz presente en el exterior. Resultó obvia la conexión entre los estados de ánimo y las mediciones de la luz al finalizar el estudio, pues compararon ambos parámetros. Como era de esperar, siempre que el sol brilló, las mujeres como grupo, se sintieron más felices. En cambio, el estado de ánimo colectivo decaía en cuanto aparecían las nubes.
Al vivir en una ciudad donde el sol brilla muy pocos días a la semana, y las diferentes tonalidades de gris tiñen los días, es imposible no sumergirse en este círculo, en esta red de personas con su energía baja, deprimida. Pero lamentablemente alimentamos el círculo de la depresión ya que, al estar malhumorados, tristes, sin ganas de nada, es poco lo que interactuamos con el otro, y cuando lo hacemos no es de la mejor manera. Las personas tienden a “guardarse”, a quedarse en sus casas u oficinas, escapando de la lluvia y el viento, y sobretodo de la energía negativa que se apodera del ambiente, y así menor es la cantidad de luz que su glándula hipófisis es capaz de captar, segregando la serotonina. Activa entonces la melatonina que nos induce a un estado de sueño latente, lo cual hace que no tengamos ganas mas que de dormir, nos deprime, y nos guarda. Un círculo muy difícil de sobrellevar.
La luz brillante, aunque sea artificial, puede ser incluso mas efectiva en tratar el DAE que los antidepresivos, ya que la luz hace efecto más rápido que un medicamento. Cuando al depresión es debida a una declinación luminosa diaria estacional, traer de vuelta la luz puede ser la terapia más lógica y efectiva.
El hecho de pasar cada vez menos tiempo al aire libre nos lleva a hacer un pobre uso de nuestra función respiratoria y, a consecuencia de ello, sentimos cansancio, falta de concentración y de memoria, estrés, nerviosismo y, a veces, incluso angustia y depresión, porque la irrigación sanguínea del cerebro disminuye y la sangre no tiene suficiente oxígeno para eliminar las toxinas producidas por la actividad cerebral. Pensemos qué sucede en un aula donde hay un calor excesivo: los estudiantes se adormecen. Si abrimos las ventanas, se reaniman. El aire que respiramos no sólo contiene oxígeno, sino también energía vital llamada fuerza vital o prana. Nuestra salud, resistencia y bienestar dependen de esta fuerza vital.
Es por este motivo que es tan importante tratar de mantener una vida familiar activa, donde el pasar tiempo al aire libre sea una de las actividades preferidas. Imagínense cuánto más feliz puede ser un niño que respira bien, oxigena sus células, recibe la luz del sol segregando serotonina, su cuerpo y mente están mas alertas aumentando su capacidad de concentración y memoria. Entonces le va bien en el colegio, se pone más contento aún, sus padres se sienten orgullosos, y el círculo de retroalimentacion es absolutamente positivo.
Fomentar la vida al aire libre, a pesar del frio y la lluvia, es casi una obligacion para los padres si queremos que nuestros hijos no padezcan el tan comunmente diagnosticado Déficit Atencional, así como depresiones tempranas y problemas de autoestima. Sin duda, los padres también ser verán inmensamente gratificados por la experiencia, mejorando las relaciones humanas en todos los aspectos.
La falta de luz y la comida
El cuerpo produce serotonina a partir de un aminoácido (fragmento de proteína) llamado triptófano. Este es abundante
en varios alimentos muy ricos en proteínas como: pavo, pescado, carne, aves, maní, queso cottage y semillas de sésamo. Pero para convertirse en serotonina, el triptofano debe entrar antes en el cerebro. Este tiene una barrera especial para matnener fuera a moléculas como el triptofano, de modo que el aminoácido debe ser conducido al cerebro por un mecanismo especial de transporte.
Lamentablemente, otros aminoácidos quieren subirse al mismo transporte y sobrepasan al triptofano en una relacion de ocho a uno. Para que entren al cerebro grandes cantidades de triptofano los otros aminoácidos deben ser echados del omnibus (transporte). Paradojicamente, la forma de hacerlo es comer alimentos ricos en carbohidratos y pobres en proteinas. Comer golosinas o féculas incrementa los niveles de azúcar en la sangre, lo que produce una oleada de insulina. Esta saca el azúcar de la corriente sanguínea y también la limpia de muchos aminoácidos rivales. Lo que deja más lugar en el transporte para el triptófano. A pesar de que las golosinas contienen muy poco de este aminoácido, igual hay mucho de él en el cuerpo para sacar ventaja de este viaje gratuito.
Otra razón por la cual, con la falta de luz las personas comen más, es para completar su falta de dopamina. La actividad de la dopamina en el cerebro sube y baja junto con la producción de estrógeno. Cuando se tiene menos estrógeno también hay menor actividad de dopamina (por eso las mujeres sufren más la falta de luz canalizándolo por la comida). El instinto natural es encontrar la forma de reemplazarla. Comer es una manera de hacerlo. Siempre que se tiene comida en la boca hay una mayor actividad de la dopamina en el cerebro. Esta es la forma que tiene la naturaleza para asegurarse que la gente coma para tener fuerzas para sobrevivir y procrear. Los alimentos aseguran dopamina sin importar qué es lo que se come. El problema, es que el aumento de dopamina sucede sólo mientras se mastica, ni bien el alimento baja de la boca al estómago, los niveles de dopamina vuelven a su estado inicial, lo que provoca la necesidad de comer más.
Terapias recomendadas:
Para quienes sufran de Desorden Afectivo Estacionario, lo más recomendable es proponerse instalar en su vida la mayor cantidad de luz posible. Para eso es necesario que la casa y la oficina, lugares donde uno pasa la mayor parte del día, sean luminosos y ventilados. Pintar de blanco las paredes es una excelente alternativa. Ventilar siempre, aunque haga frío o llueva, un rato en la mañana, hará que la oxigenación mejore notablemente. Si no es posible iluminar naturalmente el espacio, será necesario tener luz artificial brillante.
En cuanto a las terapias, además de la fototerapia (aplicación de luz artificial por cierto período de tiempo y a diario), es muy importante mantener nuestro nivel glandular equilibrado. Para esto lo más recomendable es el REIKI (energía a través de las manos), activando la producción de serotonina ya que desbloquea y activa nuestra glándula hipófisis, y enviando energía a todo nuestro sistema glandular para su buen funcionamiento.
La magnetoterapia también es importante: colocando imanes en nuestras glándulas, sobre su polo negativo, y utilizando ciertos métodos del Dr. Balzan, rápidamente podremos reestablecer el fluido corporal: sanguíneo, agua, y hormonal, mejorando así la oxigenación celular y la microcirculación cerebral.
Desde el Biomagnetismo, ademas de hacer un chequeo completo, se podrá tratar la disfunción de la hipófisis, la tiroides, los ovarios o testículos, y la glándula pineal.
De esta manera, lograremos que nuestro organismo y nuestro sistema glandular funcionen de manera óptima y equilibrada, mejorando nuestro estado de ánimo y por consiguiente las relaciones humanas: familiares, laborales, cotidianas.
No olvidemos que las salidas de contacto con la naturaleza y las actividades al aire libre son fundamentales para complementar el tratamiento. La sana y nutritiva alimentación es indispensable para lograr todos estos objetivos, así como la ingesta de agua buena y abundante, para favorecer el funcionamiento total de nuestro organismo.




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muy buena pero no escuntro lo qe busco!
superrrrrrrrrrrrrrrrrr